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¿Y si volvemos -tecnológicamente hablando- a lo de antes?

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Cuando hablo con familias sobre el mundo digital, a veces saco del bolsillo un aparato que siempre provoca la misma reacción. Algunos sonríen con nostalgia, otros fruncen el ceño intentando adivinar de qué se trata.

Y entonces lo enciendo. Una pantalla mínima, unos números grandes, un timbre que suena como los de antes, sin melodías diseñadas por ingenieros de Silicon Valley. Es un dumbphone, uno de los nuevos. Un teléfono que parece venir del pasado, pero que en realidad es hijo directo de nuestro tiempo, de nuestros excesos y de nuestras ganas de recuperar algo que dejamos perder: la calma.

Por cierto, te animo a visitar mi web y echar un ojo a las formaciones que ofrezco para familias, son muy amenas y están gustando mucho.

Porque estos teléfonos no son los viejos móviles que muchos recordáis, aquellos de la antena invisible y los mensajes a diez céntimos. No son reliquias rescatadas de un cajón.

Los nuevos dumbphones han sido fabricados conscientemente para ser lo que los smartphones ya no pueden ser: simples. Pero simples de verdad, no simples como excusa.

No buscan entretener, ni retenerte, ni saber cuántos pasos das ni qué vídeos miras por la noche. Están hechos a propósito para que la vida vuelva a mirarse con los ojos, no desde una pantalla.

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