En la era digital, nuestras pantallas nos conectan constantemente, pero paradójicamente, también nos alejan de las conversaciones más profundas. La tecnología que debería unirnos a menudo nos mantiene en la superficie, solo interactuando con lo que es fácil y cómodo. Este fenómeno no es ajeno a las discusiones sobre inclusión, un concepto que, como muchos otros en nuestra sociedad, se ha convertido en un tema de debate pero no necesariamente de acción.
En la actualidad, nuestras vidas están gobernadas por pantallas. Desde los smartphones hasta los ordenadores, las pantallas nos sirven de ventana al mundo y, al mismo tiempo, nos mantienen en una burbuja donde interactuamos más con dispositivos que con personas reales. Esta desconexión no solo afecta nuestra capacidad de entendernos, sino que también influye en nuestra comprensión de conceptos fundamentales como la inclusión.
En «La Reunión», mi nuevo libro, se explora este fenómeno de manera irónica y reflexiva. La obra presenta una reunión aparentemente perfecta sobre la inclusión, llena de buenas intenciones y grandes palabras, pero que, a medida que avanza, revela la hipocresía subyacente que se esconde detrás de las discusiones vacías. ![]()
No hay villanos ni malos, sino una serie de comportamientos que reflejan nuestra tendencia a aplazar decisiones y a eludir compromisos reales. A través de un narrador que rompe la cuarta pared, el lector se ve enfrentado a una crítica mordaz sobre cómo, en muchas ocasiones, las instituciones y reuniones bienintencionadas pueden convertirse en un ejercicio de exclusión disfrazado de inclusión.
Este mismo dilema se refleja de manera palpable en el ámbito digital. A pesar de la inmediatez de las redes sociales, los foros y las plataformas de comunicación, la digitalización de la inclusión muchas veces cae en la trampa de lo superficial. Las conversaciones sobre diversidad, equidad y accesibilidad se hacen en formatos predeterminados y «politicamente correctos» que no siempre permiten una reflexión profunda ni una acción real. Esto se manifiesta en plataformas donde la inclusión se mide en clics, «likes» o comentarios bienintencionados, pero sin un compromiso auténtico con el cambio estructural.
Las pantallas como barrera y puente
El vínculo entre tecnología y la inclusión es un tema complejo. Las pantallas han facilitado el acceso a información, pero también han creado una distancia emocional. En las reuniones digitales, por ejemplo, el rostro del otro se reduce a una miniatura, y la conversación, aunque fluida, se siente a menudo vacía. Nos hemos acostumbrado a la conveniencia de la comunicación digital, pero ¿estamos perdiendo la intención detrás de la conversación?
En «La Reunión», la obra cuestiona la efectividad de las buenas intenciones cuando no se acompañan de acción concreta. Del mismo modo, en el contexto de la tecnología, muchas veces nos encontramos en plataformas diseñadas para facilitar la inclusión, pero que terminan siendo simplemente un escaparate para la apariencia de inclusión, sin un verdadero compromiso con el cambio.
A lo largo de los últimos años, la crítica a la superficialidad de las interacciones digitales ha ido en aumento. Los «likes» en una publicación no son suficiente prueba de que una persona haya comprendido y actuado conforme a los principios de inclusión. Las palabras que se dicen en las reuniones virtuales, aunque son adecuadas en teoría, muchas veces carecen de profundidad cuando no se traducen en prácticas reales. La acción está demasiado a menudo relegada a un segundo plano, mientras que la percepción se convierte en la prioridad.
Lo fascinante es que, tal como ocurre en la obra, la tecnología puede ser vista como un espejo incómodo que nos enfrenta a nuestras propias contradicciones.
Las pantallas nos muestran un mundo aparentemente conectado, pero también nos confrontan con el aislamiento que genera la falta de interacción genuina.
Cada vez más, vivimos nuestras vidas mediadas por tecnología: ya no solo hablamos a través de las pantallas, sino que cada aspecto de nuestra existencia se vuelve digitalizado. Las conversaciones sobre inclusión, que deberían ser espacios de apertura y diversidad, se quedan muchas veces en el terreno de lo «correcto», pero sin alcanzar lo profundo.
Si queremos que las plataformas digitales sean verdaderos agentes de inclusión, necesitamos empezar a ir más allá de las palabras. Así como en «La Reunión» se revela que la inclusión a veces se convierte en un ejercicio vacío de buena voluntad, las tecnologías deben dejar de ser un escenario de promesas no cumplidas. Necesitamos que el mundo digital sea un lugar de verdadera transformación, donde las personas se encuentren, se escuchen y se comprendan de manera genuina, no solo como una forma de mostrar lo que es «correcto» para las redes, sino como un verdadero compromiso con el otro.
Me gustaría leerte en comentarios y saber tu opinión, nos leemos!!!
