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Volver a lo esencial: por qué los dumbphones están regresando

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Cuando hablo con familias sobre el mundo digital, a veces saco del bolsillo un aparato que siempre provoca la misma reacción. Algunos sonríen con nostalgia, otros fruncen el ceño intentando adivinar de qué se trata.

IS THAT A SMARTPHONE?

Y entonces lo enciendo. Una pantalla mínima, unos números grandes, un timbre que suena como los de antes, sin melodías diseñadas por ingenieros de Silicon Valley. Es un dumbphone, uno de los nuevos. Un teléfono que parece venir del pasado, pero que en realidad es hijo directo de nuestro tiempo, de nuestros excesos y de nuestras ganas de recuperar algo que dejamos perder: la calma.

Porque estos teléfonos no son los viejos móviles que muchos recordáis, aquellos de la antena invisible y los mensajes a diez céntimos. No son reliquias rescatadas de un cajón.

Los nuevos dumbphones han sido fabricados conscientemente para ser lo que los smartphones ya no pueden ser: simples. Pero simples de verdad, no simples como excusa. No buscan entretener, ni retenerte, ni saber cuántos pasos das ni qué vídeos miras por la noche. Están hechos a propósito para que la vida vuelva a mirarse con los ojos, no desde una pantalla.

Los móviles antiguos eran simples porque no podían ser otra cosa. Eran criaturas limitadas, nacidas de una tecnología joven. Los dumbphones actuales, sin embargo, son simples porque eligen serlo. Esa es la diferencia esencial. No es que no sepan hacer más, es que deciden no hacerlo. Y esa renuncia voluntaria, ese no quererlo todo, tiene un poder que en el mundo digital casi hemos olvidado: el poder de dejarnos en paz.

A veces las familias me preguntan si no será dar un paso atrás. Yo les digo que depende: ¿qué entendemos por avanzar? Porque si avanzar es tener más notificaciones, más pantallas, más horas perdidas sin darnos cuenta, entonces sí, es retroceder.

Pero si avanzar es dormir mejor, recuperar conversaciones, evitar guerras domésticas por el tiempo de pantalla y devolver a los niños la posibilidad de aburrirse —que es el germen de la creatividad—, entonces los dumbphones son, paradójicamente, un salto hacia adelante.

Los nuevos dumbphones no vienen a reemplazar al progreso, ni a demonizar la tecnología. Solo nos recuerdan que, en un tiempo en el que todo está diseñado para captar nuestra atención, elegir lo pequeño, lo básico y lo limitado también es un acto de libertad.

Y quizá sea ese el mejor mensaje que podemos transmitir a nuestros hijos: que no todo lo valioso ocupa una pantalla, y que no hace falta estar siempre conectados para sentir que formamos parte del mundo. A veces, basta con escucharlo directamente, sin filtros, desde un aparato que solo sabe hacer lo esencial, que al final es lo que más nos falta.

¿Y tú que piensas? ¿Ya los conocías?

Te leo!!!!

Paco.

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